Profesora por sorpresa

Quién me iba a decir a mí que me convertiría de un día para otro en profesora de infantil. En apenas 15 días que llevamos de confinamiento soy toda una experta de las últimas técnicas pedagógicas. No es nada fácil que un niño de tres años permanezca sentado más de cinco minutos haciendo una tarea, pero ya lo vamos consiguiendo. Mi misión es recordarle lo visto hasta el momento en las clases del colegio. El uno –es un soldado haciendo la instrucción-, el dos –un patito que está tomando el sol- y el tres – una serpiente que no deja de reptar-… Que conserven el hábito, que tengan una rutina diaria. Ese era en primera instancia el objetivo de las tareas en casa. Pero ahora, con la ampliación del Estado de Alarma, ya no vale solo con repetirle que haga lo que ya conoce, ha llegado el momento de sacar la maestra que llevo dentro y enseñarle nuevos números, el cuatro –es una silla que invita a descansar- y, ¿por qué no?, el cinco –un conejo que mueve las orejas-. Y siguiente reto fijado: a por las minúsculas; que yo soy más de letras.

Es tremenda la obligación que ha recaído en los padres con la preparación académica de sus hijos. El que está en la etapa de infantil es un experimento. Lo peor que puede pasar es que confunda una nueva letra aprendida, pero en etapas como primaria y secundaria el cuento cambia. El curso sigue avanzando, el temario hay que aprenderlo. Y no todos los centros están preparados para dar soporte de materiales adecuados.

El Covid-19 ha sido capaz de provocar en nosotros la cualidad de darnos cuenta que no es tan necesario estar presencialmente en un lugar para una lección que dura apenas una hora

Los colegios, universidades, academias, conservatorios, centros deportivos se han visto en la necesidad de modernizarse en tiempo récord en las nuevas tecnologías –unos más que otros-. Modos de poder seguir impartiendo clases virtuales participativas. Esto abre la puerta a nuevas posibilidades de aprendizaje. El Covid-19 ha sido capaz de provocar en nosotros la cualidad de darnos cuenta que no es tan necesario estar presencialmente en un lugar para una lección que dura apenas una hora. Un mundo de posibilidades nos espera ahí afuera, sin ser necesario salir de casa. La «telescuela» es una oportunidad que debe imperar. Un punto de partida que nadie augura hoy hasta dónde puede llegar.

Esta crisis sanitaria ha despertado en mí un nuevo interés inimaginable. ¿Por qué no dedicarme a la docencia? Analizo mi DAFO personal -debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades-, y lo contrasto con el actual marco social. Llego a la conclusión de que la comunicación es cambiante y puedo aportar mi conocimiento en planificación a los demás. Estoy pensando incluir en mi currículum que tengo un Máster en Pedagogía, si se me aceptan estos intensos meses de marzo y abril como periodo académico habiendo superado el reto con un alumno exigente –mi hijo de tres años-.

Por Olga Avellán

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