Mi isla

Cuánto tiempo necesitándola y yo sin darme cuenta –y mira que hay miles de fotos con frasecitas rondando por las redes-. Un espacio para mí. Y no solo un espacio físico, sino también temporal. Una isla donde poder estar conmigo. Pensar. Reflexionar. Tomar decisiones meditadas y no ir a salto de lo que viene o tratan de imponerme los demás. Qué paz, qué maravilla de soledad creada. No te creas que ha sido pura casualidad encontrarla, he tenido que construir esta isla con suma cautela para que no aparezca en el GPS de Google Maps. Te invito a…

– Perdona, ¿quién eres y qué haces aquí?

– ¿Yo? Tu invitado. He venido en cuanto te he leído.

– Pero yo no en ningún momento te he invitado a venir.

– Sonaba tentador. Un lugar tranquilo donde poder hablar, conocernos.

– ¿Hablar? Yo ya hablo con quien quiero cuando estoy en tierra firme. Pero este es mi espacio, solo mío para mí. ¿Queda claro?

– Pues cuidado con lo que publicas.

– Espera, a ver… ¡Ah! Claro. Ya te estás largando, que no habías terminado de leer el post.

Como iba diciendo: Te invito a construir tu propia isla, un espacio donde todo el mundo quede fuera cuando tú quieras.

Por Olga Avellán

 

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