¿Por qué no me quieres?

Cristina, con lo que me costó alcanzarte. No fue cosa del azar. Te elegí entre cientos de mujeres. Por tu fortaleza, tu vitalidad, tu entusiasmo. Me imaginé viviendo en ti de por vida. Ahí, en silencio, sin molestarte, solo acompañándote a todas partes donde tú decidieras ir. Yo estaba tan feliz, me sentía tan en mi hogar. Quisiste casarte y así fue, luego tener dos hijos y te los concedí. Nunca podrás decir que he sido un freno o una barrera en tus sueños. Desde que te conocí me he entregado al máximo, me he dejado el alma en ramificarme en tu interior. Y tú, ¿qué has hecho tú por mí? De un plumazo y sin explicación emocional alguna quieres expulsarme de tu vida. Has dejado que sean unos extraños los que opinen sobre algo que te correspondía decidir a ti. Te has dejado lavar la cabeza con que soy tóxico, con lo que no te convengo, con que lo mejor es no mirar atrás y tomar todas las medidas necesarias para borrar todo rastro sobre mí.

¿Así me lo pagas, Cristina? Siento que ya no me quieres. En realidad siento que nunca me has querido. No me siento para nada correspondido. Yo, que llevaba viviendo en ti tantos años sin hacerte ningún daño aparente, ahora tienes tanta prisa para que me marche. No podías reflexionar, no. Ni darnos una oportunidad para poder arreglar lo que no fuera bien. Tenías que entrar en quirófano y extirparme de raíz con anestesia general para que a ti no te doliera. ¿Y mi dolor? ¿A quién le importa mi dolor? Qué frío de soledad siento en ese cuenco metálico donde me han depositado. Porque sé que tú no has sido. Tú, Cristina, jamás me habrías hecho esto. Sé que han sido ellos, con ellos son con los que verdaderamente estoy enfadado. Yo por ti aún daría la vida, de hecho, si tú me lo pides, vuelvo a meterme en ti para permanecer ahí hasta la eternidad, los dos juntitos.

Ya veo que prefieres ni hablarme, no reaccionas a mis ruegos, me esquivas, has dejado que me lleven y ni has preguntado dónde me han metido. Y no contenta con que me arrancaran de ti, ahora te sometes a tratamiento psicológico para superar el trauma que te he causado. Yo, ¿un trauma a ti? El que debería estar en terapia en todo caso debería ser yo. No me queda ningún propósito en la vida. No me queda futuro y estás permitiendo que borren nuestro pasado. Y para asegurarse bien esa gente que quiere separarnos te meten por vena y sin compasión un veneno que borre toda molécula mía que pueda quedar en tu cuerpo. Qué punción en el corazón siento cada vez que la inyectan. Y tú Cristina, veo que tú lo consientes, vas a cada cita tan cumplidora. Jamás me esperaba esto de ti.

En vista de que tu decisión está tomada, mientras me queda un atisbo de fuerza antes de desvanecerme, solo quiero despedirme diciéndote que no me arrepiento de nada, que volvería a elegirte, a vivir la misma vida contigo. A pesar de que sé que a ti en realidad te estuviera haciendo mucho daño.

Te sigue queriendo, tu cáncer de mama.

Por Olga Avellán 

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