Las dos caras del periodismo

Desde Kapuscinski a Azorín, llegando a los contemporáneos de la pluma crítica, la imagen del periodista va ligada a unos buenos zapatos y un cuaderno de notas. Recorrer las calles y hablar con la gente ha sido la estrategia más común de los informadores clásicos hasta la llegada de internet -el teléfono en primer lugar- y las tecnologías de bolsillo.

El periodismo es un servicio público. Es más intenso cuanto más cercano. La información de proximidad despierta un gran interés entre los ciudadanos y cada vez se debate más sobre los temas locales, según revela el estudio «Cómo mantener la identidad en un mundo ‘glocal’», de Xosé López, Catedrático de Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Poca gente se plantea de dónde procede la información. Ni siquiera sabe si se paga al medio por publicar las noticias. Los reportajes, las entrevistas y los contenidos periodísticos no entran en la tarifa publicitaria. La necesidad de los medios de comunicación de generar ingresos y de las empresas e instituciones públicas de divulgar sus mensajes confluye en lo que se conoce como ‘Comunicación Corporativa’.

La precariedad que atraviesan muchas empresas periodísticas las aboca a que asuman las notas de prensa y el contenido audiovisual de los gabinetes de comunicación como una fuente más de información y -en demasiados casos- como parte de la producción de noticias, ya que se publican de manera íntegra; para el beneplácito de los interesados. En Alicante también ocurre, las agencias de comunicación pugnan por seducir a las redacciones periodísticas para conseguir espacios en sus ediciones diarias.

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