¿Periodistas o afines?

Excepcionalmente dotado como estratega político, orador y prosista −en los años cincuenta a.c.− Julio César ya redactó en su escrito De Bello Gallico una visión particular de su Imperio, que podría compararse con los tipos de comunicación política e institucional de nuestros días.  Difundió la justificación de la intervención armada en la guerra de las Galias para mantener la creciente influencia de Roma sobre el Mediterráneo. Este documento es considerado hoy como una pieza maestra del latín clásico. El complot que terminó con su vida en el 44 a.c. le impidió ver materializados sus proyectos y deja para la historia una calificación de la ambición política y de quienes afrontan esa responsabilidad. Los tiempos no han cambiado tanto.

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La emoción de comunicar

La comunicación tiene intrínseco el poder de transmitir emociones y mover sentimientos. Precisamente esa es la gran diferencia que mantiene con la información periodística convencional. Sobre la labor comunicativa recae una gran responsabilidad, pues es con ella con la que se logra una conexión real con los ciudadanos. Y es el momento de ser proactivos y no reactivos. La comunicación debe ser participativa –atrás quedó la unidireccionalidad del mensaje–. Debemos poner en práctica la escucha activa. Preguntar a los vecinos con cercanía para conocer sus preocupaciones de su metro cuadrado, sus miedos e inquietudes, sus necesidades principales a cubrir y –una vez conocemos en profundidad qué requieren– utilizar el recurso de la empatía para transmitirles que nuestra institución va a ser capaz resolver todo ello. Porque si en su metro cuadrado les preocupa la educación de sus hijos, pagar la hipoteca de la casa, la letra del coche, comprar muebles nuevos, tener una buena tele y descansar los fines de semana, pues eso es lo que hay que abordar. Si, además, les arreglas la acera, bien. Eso, el metro cuadrado de cada uno, es parte vital.

Dice Antonio Sola, estratega político, que la información genera conocimiento mientras que la comunicación genera sentimientos. Por ello la comunicación se considera extremadamente sensible, pues con ella se es capaz de mover emociones tan peligrosas como la ira para hacer creer a quien la percibe que debe defender una postura –como un mecanismo de superveniencia del grupo– poniendo así al pueblo en contra o a favor de quien interese. Algo que han aprendido y hacen muy bien las nuevas oleadas de políticos. En la esperanza queda que se emplee también para buenas causas.

Por Olga Avellán

Las dos caras del periodismo

Desde Kapuscinski a Azorín, llegando a los contemporáneos de la pluma crítica, la imagen del periodista va ligada a unos buenos zapatos y un cuaderno de notas. Recorrer las calles y hablar con la gente ha sido la estrategia más común de los informadores clásicos hasta la llegada de internet -el teléfono en primer lugar- y las tecnologías de bolsillo.

El periodismo es un servicio público. Es más intenso cuanto más cercano. La información de proximidad despierta un gran interés entre los ciudadanos y cada vez se debate más sobre los temas locales, según revela el estudio «Cómo mantener la identidad en un mundo ‘glocal’», de Xosé López, Catedrático de Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Poca gente se plantea de dónde procede la información. Ni siquiera sabe si se paga al medio por publicar las noticias. Los reportajes, las entrevistas y los contenidos periodísticos no entran en la tarifa publicitaria. La necesidad de los medios de comunicación de generar ingresos y de las empresas e instituciones públicas de divulgar sus mensajes confluye en lo que se conoce como ‘Comunicación Corporativa’.

La precariedad que atraviesan muchas empresas periodísticas las aboca a que asuman las notas de prensa y el contenido audiovisual de los gabinetes de comunicación como una fuente más de información y -en demasiados casos- como parte de la producción de noticias, ya que se publican de manera íntegra; para el beneplácito de los interesados. En Alicante también ocurre, las agencias de comunicación pugnan por seducir a las redacciones periodísticas para conseguir espacios en sus ediciones diarias.

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