Derecho al periodismo

La libertad de expresión es un principio que nos otorgó la Constitución Española de 1812 –La Pepa-. No es una función solo de periodistas. El ejercicio de la libre opinión y de la transmisión de pensamiento también lo hacen otros profesionales, a través de medios de comunicación o –en los últimos tiempos- en sus propios blogs y redes sociales.

El periodismo bebe de la influencia de pensadores, filósofos, economistas, empresarios, comerciantes… y abogados. Estos últimos tienen una relación muy estrecha con el periodismo, ya sea en la interposición de querellas a estos –o en su defensa- o en la participación activa en la elaboración de contenidos en los medios, tales como columnas de opinión, participación en tertulias o debates o el asesoramiento jurídico a los profesionales de la noticia que se topan con multitud de preceptos legales ilegibles para cualquier mortal.

El derecho es para el periodismo como el azúcar para la granada mollar, un edulcorante que enriquece el contenido. Muchos juristas –abogados, jueces y otros profesionales del derecho- tienen una necesidad imperiosa de participar en la actualidad y –algunos- de saciar su vocación frustrada de escritores. Aportan una visión crítica de los hechos y conceden el pragmatismo técnico a las situaciones cotidianas de la convivencia social y política. Abogados y periodistas convivimos y compartimos escenario para hacer de freno y contrapeso de los abusos del poder.

Por Olga Avellán

 

 

Derecho y Periodismo. Condenados a entenderse

La conveniencia de clasificar las informaciones en secciones diferenciadas quedó establecida en el periodismo moderno de principios del siglo XX. La distinción es un valor añadido por excelencia. Lo dicen ahora los gurús de los negocios exprés, pero ya lo hacían los jóvenes periodistas de entonces.

La información de sucesos se remonta al Acta Diurna de los Romanos. En el 168 a. C. ya se informaba de la riña en una posada, un desfalco en una agencia de cambio y una ejecución de sentencia (Martínez de Sousa, 1981: 447).

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